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The author is a former Argentine secretary of Foreign Commerce and vice president of the Central Bank of Argentina. This commentary follows upon his recent analysis in this journal, “Argentina: the New Kirchner Government.” The following may also be read in the original Spanish.— Ed.

The Political Crisis in Argentina

Among the officials appointed by President Kirchner, there are many militants from the Montonero Movement* of the 1970’s. This concerns many people who see in that fact the possibility of a turn toward a Socialist state on the Cuban model. This fear is not justified, first because we Argentines are not inclined to accept any form of discipline, and certainly not the Communist form. A second reason is that few o£ these ex-Montoneros were true Marxistsapart from the fact that, since the fall of the Soviet Union, their economic and political system is no longer in style.

Any remaining doubt is dispelled by the positive meeting a few weeks ago between Presidents Bush and Kirchner, and afterwards, by the visit to Buenos Aires of the assistant secretary of State for InterAmerican Affairs, Roger Noriega. On August 26, that of official state to the press that “My government supports the efforts of Nestor Kirchner to solve Argentina’s serious problems…,” adding that he was “impressed to discover that these are more structural and political than economic.”

Noriega’s observation is correct. In the last several decades, there have been two main political parties in Argentina which have alternated in power. The Radical Party represented mainly the middle class, and the Peronist Party had its strength among wage earners. However, both parties have lost their main battle flags. Radicalism’s main issue was to assure that votes were counted as cast; but after 1946, electoral fraud in Argentina ended. Peronism’s principle was to distribute the formerly high incomes of the land-owning class among the populace. However, there is nothing left to redistribute, since the wealth coming from agriculture and livestock is no longer what it once was, and the population has doubled since that policy was initiated.

In recent months, Radicalism has suffered election defeats to the point where it can be said that today there is only one political party, somewhat similar to the PRI in Mexico during seven decades. Nevertheless, there are two major differences which made the PRI an effective instrument of government and which are lacking in the Argentine Constitution. In Mexico, the president and the governors of the states could be elected only once in their lifetimes, while in Argentina, the president is under no such restriction. And in the majority of the Argentine provinces, it is becoming ever more frequent that governors are re-elected indefinitely, a fact which transforms them into feudal caudillos, uncontrollable by their parties or by the national government.

What Argentina needs is a transformation of the old parties or the creation of new ones, following the model most frequently found in the worlda center-right party which emphasizes the creation and distribution of wealth through the free working of markets; and a center-left party which promotes the need for the state to intervene in behalf of the less-favored. The transfer of power back and forth between two such parties would permit the correction of many excesses in either direction. It is therefore very probable that the time it takes to bring about this transformation will govern the speed with which the country’s problems can be solved.


Translated by J. Edgar Williams.
Translator’s Note: In Argentina during most of the decade of the 1970s, the Montoneros were one of two principal revolutionary groups of urban guerrillas. President Kirchner was active in the group at that time.

 

Elvio Baldinelli is a former secretary of state for foreign commerce in Argentina. Currently he is director of the Bank of Boston’s Institute for Sectoral Development of Argentine Exports.

 

 

 

 

This commentary by the distinguished economist follows upon his recent analysis in this journal, “Argentina: the New Kirchner Government.” The following may also be read in English translation.— Ed.

LA CRlSIS POLITÍCA DE LA ARGENTINA

Entre los funcionarios nombrados por el Presidente Kirchner abundan los militantes del movimiento montonero de los años ‘70, cosa que preccupa a mucha gente que cree ver en ello le posibilidad de un glro hacia un estado socialista al estilo de Cuba. El temor es injustificado tanto por que los argentinos no tenemos inclinación a aceptar cualquier forma disciplina, y menos la communista, como porque muy pocos de los ex montoneros fueron alguna vez marxistas aparte de que, después de la caida de la U.R.S.S., su sistema político y económico ha dejado de estar de moda.

Si alguna duda aun cabría se disipa debido a la positiva reunión que tuvieron hace pocas semanas los Presidentes Bush y Kirchner y, luego, por la visita que hizo a Buenos Aires el Secretario de Estado Adjunto para América Latina, Roger Noriega. Con fecha 26 de agosto este funcionario declaró a la prensa que “su gobierno apoya el esfuerzo del gobierno de Néstor Kirchner para resolver los graves problemas de la Argentina” agregando que “estaba impresionado al descubrir que éstos eran más estructurales y politicos que económicos.”

La observación de Noriega es correcta. En la Argentina de las últimas décadas existieron dos partidos politicos que se altenaron en el poder: el radicalismo representando principalmente a la clase media y el peronismo con arraigo entre los salariados. Pero ambos partidos han perdido sus principales banderas: la del radicalismo consistía en lograr que en país los votos fueran contados tal como se emitían, pero a partir del año 1946 terminó el fraude electoral en la Argentina. La principal del peronismo fue la de distribuir los una vez elevados ingresos de la clase terrateniente entre la población, pero ya no queda para repartir, tanto porque la riqueza originada en el agro no es hoy la que fue entonces como debido a que la población se ha duplicado desde el momento en que estas politicas tuvieron inicio.

En los últimos meses el radlcalismo ha sufrido tales derrotas electorales que puede decirse que hoy dia persiste un solo partido, algo como fue con el PRl en Mexico durante siete décadas. Sin embargo hay dos grandes diferencias que hicieron al PRI un instrumento efectivo de gobierno y que faltan en la Constitución argentina: el hecho de que en aquél país los Presidentes y los Gobernadores de los Estados pueden ser elegidos una sola vez en la vida mientras que en la Argentina lo primero no sucede y en la mayor parte de las Provincias se da cada vez con mayor frecuencia que los gobernadores son reelectos indefinidamente, hecho que los convierte en caudillos feudales incontrolables tanto por los partidos como por el gobierno nacional.

Se necesita en la Argentina la transformación de los viejos partidos o la creación de otros nuevos siguiendo el modelo más frecuente en el mundo: uno de centro derecha que ponga el acento para la creación y distribución de riqueza en el libre funcionamiento del mercado y otro, de centro izquierda, que preconice la necesidad de que el Estado intervenga en favor de los menos favorecidos. Además, la alternancia en el poder permite corregir los excesos en una u otra dirección. Es muy probable, entonces, que el tiempo que insuma esta transformación condicione la velocidad en la que podrán ser solucionados los problemas económicos del pais.

 

Actualmente dirige en la Fundación Bank Boston el Instituto para el Desarrollo Sectorial de las Exportaciones Argentinas.

 

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